Lo que ocurre de pronto en el paisaje del desierto es asombroso. Horas de arena, y el ojo cada vez más agudo a los detalles de tonos y texturas de un paisaje que podría parecer siempre similar, horas de tierras pintadas y en medio de estas, la fertilidad y total abundancia de verde, agricultura y jardines.
Este fenómeno se da en todo el Norte de Chile, se dá también en Perú y Bolivia. Lo que ocurre es que a través del tiempo y la erosión, bajan a los valles los nutrientes y minerales de los cerros, entonces un poco de agua y crece todo. Ese es el premio que dan las corrientes que afloran en el desierto, las napas subterráneas alcanzadas o los ríos del Norte, que bajan en hilos desde las nieves andinas.
Como ya hemos mencionado en otros posts, al hotel Alto Atacama le llegan muchos de estos productos, cultivos orgánicos y a pequeña escala, de ingredientes típicos de la zona, como la quinoa, la papa morada y el maíz. En el caso de los valles, no se suele dar la agricultura en terrazas, sólo se aprovecha el río que pasa.
Foto: gentileza de Paula Zwicker




