Cuando uno viaja a lugares aislados y con la mejor disposición del mundo sube a 4 mil metros de altura para conocer lugares privilegiados, la recompensa es lograr todas las anteriores y poder compartir luego estas aventuras, pero si además a la escena se le agrega un almuerzo espectacular, atención sonriente y una copa de vino, estar en un pueblo tan maravilloso como Río Grande en el altiplano, es como una imagen de sueños.
En la foto se ve a pasajeros y equipo del hotel, siendo atendidos con la sonrisa intensa de la guía Carola Coria y en todas las expediciones la situación se da con igual calidad. Todos los guías y choferes trabajan para armar mesas con manteles donde sea y hacer un brindis por el paisaje. A toda esta atención debemos agregar sin cansancio que el equipo completo de Alto Atacama está entrenado para no dejar rastro en los lugares que se visitan y para que la llegar al hotel se separe la basura para su posterior reciclaje. El efecto de bien estar entonces es total.
Lo más increíble del desierto es su diversidad constante, no hay lugar donde no sorprenda un nuevo milagro de la naturaleza, ríos en el medio de la arena, vicuñas salvajes con sus crías, volcanes de diversos colores contra el horizonte infinito de Atacama y en todas partes la sonrisa coqueta y amable de los pueblos del Altiplano. Ni la foto más bien lograda del mundo puede retratar con fidelidad lo que es el desierto de Atacama.
Foto: cortesía de Paula Zwicke





Veo en la foto a Juan Pablo Chovar maltratandose.
Rio Grande es muy bonito y es la tierra de Joel.
18 May, 2009 - 8:11
La verdad es que esa tiene que haber sido ¡lejos! una de las comidas mas interesantes que he disfrutado, el lugar es muy bello y la gente extremadamente cariñosa, Atacama es el paraiso.
18 May, 2009 - 12:51